Artículo
Después de saberlo
26 de octubre de 2026 · Por Eduardo Cornejo

"Me fueron infiel y no lo puedo aceptar." Con distintas palabras, es una de las frases que más escuchamos al inicio de un proceso en nuestro centro. A veces la persona ya decidió terminar. A veces sigue en la relación. Y muchas veces todavía no sabe qué quiere, y eso también le vuelve las cosas más difíciles.
Que no lo superes rápido no dice nada malo de ti. Más bien, significa que algo importante se rompió.
Por qué cuesta tanto
Una infidelidad no duele solo por lo que pasó. Duele por todo lo que mueve alrededor. ¿A qué me refiero con esto?
Se reescribe la historia. De pronto revisas el pasado con otros ojos (ese viaje, esas noches en que llegó tarde, esa conversación que ahora suena diferente). No solo se pone en duda el presente. Se pone en duda la versión que tenías de tu propia relación.
Aparecen preguntas que no terminan. ¿Desde cuándo? ¿Con quién? ¿Por qué? Cada respuesta abre otra pregunta. Es un pensamiento circular: da vueltas sobre lo mismo y casi nunca llega a una conclusión que tranquilice. Lo habitual es que te deje más angustiado que antes.
Se toca tu autoestima. Es frecuente que la herida llegue a cómo te ves: "¿qué me faltó?", "¿qué tiene esa persona que yo no?". La comparación aparece aunque sepas que no ayuda.
Te exigen una decisión. Amigos y familia suelen tener una opinión clara y rápida ("yo me iría", "todos nos equivocamos"). Algo de razón puede haber, pero nadie está en tus zapatos.
¿Tengo que decidir ya si me quedo o me voy?
No. Es una de las presiones más grandes de esta etapa y, en el fondo, una de las menos útiles. Las decisiones que se toman en el peak del dolor suelen responder al sentimiento más que a lo que de verdad quieres.
¿Necesitas decidir algo hoy? Probablemente sí, pero algo más pequeño: cómo te vas a cuidar mientras tanto.
Qué puedes hacer hoy
Separa dos preguntas. Una es qué pasó en la relación. La otra es qué te está pasando a ti. Suelen mezclarse, y ahí todo se vuelve un nudo. La segunda es tuya, y puedes empezar a trabajarla aunque la primera siga abierta.
Reconoce el circuito de los detalles. Revisar el celular, releer mensajes o hacer la misma pregunta por décima vez alivia unos minutos pero te deja peor al rato. No se trata de prohibírtelo (eso rara vez funciona). Se trata de darte cuenta de cuándo estás entrando ahí. Decirte "estoy otra vez en lo mismo" puede sonar a poco, pero suele ser el primer paso para salir.
Date un plazo provisional. Por ejemplo: "durante el próximo mes no voy a decidir nada definitivo". Eso no es evadir. Es darte espacio para pensar con más calma.
Elige con quién hablar. Una o dos personas de confianza, que escuchen sin empujarte hacia ningún lado. Contarle a todos multiplica las opiniones, no la claridad.
Si quieren intentarlo de nuevo
Hay parejas que atraviesan una infidelidad y terminan construyendo algo distinto. Para eso hace falta que quien fue infiel se haga cargo, sin minimizar ni apurar el perdón ("ya pedí perdón, ¿qué más quieres?"). Y hace falta tiempo: la confianza no vuelve con una conversación, sino con muchas pequeñas pruebas sostenidas.
También es frecuente que la otra persona no quiera ir a terapia. Eso no te deja sin opciones: puedes empezar tú. Trabajar lo que te pasa ya cambia la manera en que estás en la relación, sigas en ella o no.
Cuándo pedir ayuda
Vale la pena consultar si, después de algunas semanas, no logras dormir o concentrarte en el trabajo; lo que pasó ocupa casi todo tu día; te estás aislando o dejaste de hacer cosas que te importaban; las discusiones escalan, sobre todo si hay hijos de por medio; o sientes que no puedes con esto solo o sola.
Cómo te podemos acompañar
En Alerce trabajamos estas crisis de dos maneras. En psicoterapia individual, para ordenar lo que te pasa a ti y decidir con más claridad. Y en terapia de pareja, cuando ambos quieren revisar lo ocurrido y ver si hay algo que reconstruir. Muchas veces se combinan.
Por Eduardo Cornejo




